domingo, 26 de marzo de 2017

Pulseadas Verdaderas



A pesar de las manifestaciones, la reaparición de los trabajadores en la calle, las expresiones contra un Presidente en una terminal automotriz o contra un Gobierno en el recital del Indio, a pesar del ruido, para quienes vivimos en el microclima de la política hace muchos meses que el ágora argentina parece haber entrado en modo pausa, stand-by. Asimetría confusa entre demostración y negociación.

Porque una cosa es esa siempre festejada, saludable voluntad argenta de reclamar que nos devuelvan lo que alguna vez pudo haber sido nuestro y otra cosa es la política como red de negociaciones febriles, de visitas contingentes, de clanes expectantes y deseosos que surcan el aire hacia Puertas de Hierro reales o deseadas, buscando un interlocutor que les libere pista y luego, a cambio, les pida algo.

Estamos terminando el marzo de un año electoral (para nosotros los intensos el año termina en octubre) y las roscas parecen freezadas por el desencanto de un hada que nos dejó a todos durmientes y no tan bellos.

Algo similar a lo que nos pasaba de pibes, cuando jugábamos a la cinchada: elegíamos bandos y tras algunos reacomodamientos iniciales, llegaba el primer encontronazo, un ensayo de la primera tensión. Luego, alguien se sumaba, alguien pensaba una táctica, y ahí sí, la tensión aumentaba hasta un clímax en el que todo parecía detenerse y la moneda quedaba congelada en el aire: podrán triunfar unos, o los otros, o puede pasar que la soga se rompa dejando a todos, sin excepción, en el piso, magullados.

Ese "slow motion" está, pero en la superficie. Cuando uno se sumerge en las profundidades, donde moran los deseos, los odios y las voluntades tácitas de los actores, allí las cosas son siempre frías, oscuras, abrumadoras.

El punto cuspidal de la batalla más importante en el contexto político actual se está dando, sordamente, en este momento. Raramente en Argentina, esa batalla no tiene al Gobierno como protagonista. La alianza Cambiemos no ha sido invitada a participar para ninguno de ambos bandos, aunque creé que está jugando a la gran política apoyando a uno u otro. Alguien debería contarles que cuando la Gran Pulseada se resuelve, le toca el turno a ellos. La costumbre peronista de ir por los oportunistas.

Pero no dediquemos mucho más a Cambiemos: daños colaterales que debe asumir una sociedad cuando quiere ponerle fin a un régimen que la agotó. Lo que aquí se llama Macri en otras latitudes se llama Trump.
Volvamos. El choque que rige nuestros destinos viene ocurriendo en el mundo abisal, entre ese kirchnerismo acidificado que llamaremos cristinismo y eso otro que llamaremos peronismo. Alguien dijo, con poder de síntesis, K no P versus P no K.

Por un lado el cristinismo, que es votos sin estructura, y que ha decidido no hacerse cargo del pasado ni del presente: camino al futuro sólo profundizará encarnizadamente su táctica agonal, napoleónica, inopinable: los que no se sumen deberán suturarse el orto, es la consigna.

Por otro lado el peronismo silvestre, que es estructura sin votos, y que frente a la ruptura con las tradiciones peronistas que le planteó el cristinismo, ve complicarse su futuro, porque el peronismo se toma en serio eso de mantenerse en el poder, y es filoso e intuitivo a la hora de elegir quién lo llevará a la Rosada.

Desplegada (e irreversible) la ruptura cristinista, le queda a los territoriales, a los sindicalistas, a los movimientalistas la difícil tarea de reunificar. Porque conocen la verdad 21: sin el peronismo no se puede, con el peronismo no alcanza (y donde dice peronismo puede reemplazarlo por kirchnerismo).

Y si la reunificación no es persuasiva, entonces es disciplinaria. Deben identificar, seleccionar y aplicar instrumentos que sean funcionales y eficaces en la tarea de domar al cristinismo (ustedes pensaron que el 7 de marzo la CGT le mostraba músculo al gobierno? bueno, "las bases" también; pero lo que vimos fue una bestia torpe y fuera de timing pavoneándose frente a CFK).

La regla es: si CFK maximiza su carta troska (y Roberto Navarro como speaker la caricaturiza de manera impecable, gritándole al televidente filo K para que se levante, termine su vodka, tome la kalashnikov y salga a tomar el Palacio de Invierno) en ese escenario la dirigencia peronista debe elegir cómo responderle: gobernabilidad al macrismo fue la jugada anti-cris del 2016.

Como blindaje peronista actúa la inoperancia oficial: "hicimos lo que la sociedad indicó al darle la presidencia a Macri". Serán, finalmente, Mauricio y su banda quienes carguen con la responsabilidad de la agenda contra natura que promueven (y parece que hasta ver sangre no paran). Recordemos que desde el Palco de la Rosada en la Pascua del 87, Cafiero se fue a su casa. Alfonsín, sin embargo, corrió a encontrarse con doña Híper.

Estos 15 meses de gobierno de Cambiemos, en los que la noticia buena fue mala (la economía) y la noticia mala fue buena (la política), no fueron (socialmente) "mansos" por la capacidad de tejer y rosquear del gobierno de los CEOs. Fue, la reacción peronista en espejo contra el cristinismo la que los puso al lado de la mesa de sanguchitos amarillos. "No es grave" razonan los viejos lobos del PJ. No lo es, coincido: soldado que huye sirve para mil batallas.

Esta pulseada cristinismo-peronismo, incluso con alianzas y rosquitas intermediarias, es profunda y todos somos sus súbditos. Juegan atados a una carga de dinamita con mecha encendida, gana quien la tenga más larga... la mecha.

Detallemos. Para el cristinismo, el avance de la chispa es proporcional a la erosión de estructuración política que instrumente su caudal electoral (que no se traducen necesariamente en pérdida de votos). No es lo mismo el kirchnerismo que llega al acto de despedida del 9 de diciembre 2015, dueño total de la calle, que la segunda semana de marzo de 2017, con tres actos masivos en 3 días consecutivos sin intervención kirchnerista. Su jugada de adolescente rebelde se tradujo en una centrífuga de estructuras.

Por suerte aparecieron las encuestas favorables a CFK en PBA camino a octubre, un bálsamo, un torniquete que le pone freno al desangramiento que fue el kirchnerismo de los últimos 15 meses. Emociona, activa y crea dudas entre compañeros que ya estaban cruzando el puente.

Para los silvestres la longitud de la mecha la define el malestar y la reactividad social provocados por la agenda ácida del gobierno, que ellos necesitan avalar odiosamente.

Hagamos como los economistas, ilustremos con condiciones pari passu (Griesa maldito) en los extremos: si la situación social estuviese contenida ad infinitum, el kirchnerismo del futuro implota en un ascensor; nadie banca la estrategia de liderazgo iluminado si no tenés poder para ofrecer. Si, por el contrario, la situación social hiciera volar la tapa de la olla por los aires, el peronismo silvestre va todo junto en un ascensor a rendirle honores a Cristina.

La realidad, como siempre, elude a los economistas y su pari passu y va buscando camino entre los grises. Pero los sucesos del acto de la CGT el pasado 7 de abril demuestran que el parámetro "situación social" se acerca y favorece a Cristina. Eso fue lo que vimos: dirigentes peronistas de larga trayectoria que llevaron la tensión a un extremo que el 2017 ya no se banca.

Y, para peor, al potenciómetro de la "situación social" lo maneja el gobierno, que juega al suicidio y no para de darle rosca y rosca salvajemente a la derecha: echan uno del Pami que creyó que no convenía seguir impactando jubilados, proponen sacarle la personería gremial a un sindicato docente y lanzan un globo de ensayo mediático de encarcelamiento de Cristina. "Gracias, muchachos, no ayuden más" piden los compañeros.

Comprendieron, después de DiagonalSur, que la estrategia (reactiva) que diseñaron para la Madre de Batallas, darle sustentabilidad a Macri, llegó a su fecha de vencimiento. Macri YA es "envase dañado". En este momento en la CGT y, por extensión, en el PJ han puesto un cartel enorme en la puerta: en él se lee "Recalculando".

Un detalle sensible agrava la capacidad de fuego de este peronismo agazapado. Una falla en su cadena cromosómica se hace evidente: en estos meses no ha germinado ningún liderazgo que permita avizorar las calles de acceso al poder. Creen confirmado que no es Cristina. Pero no tienen una alternativa. Un síndrome peligroso en el Partido del Orden.

Massa avizoró esta vía y la llamó Ancha Avenida, pero no supo transitarla, desde la curva de Davos pegó demasiadas veces contra el guarda raíl de la derecha. Interesante ver como Alberto Fernández y Felipe Solá le tiran del volante a la izquierda mientras él mira si le llega el whatsapp de Stolbizer. Caso cerrado.

Notablemente, nuestra sociedad sigue albergando esperanzas en la izquierda, sigue creyendo que los ricos deben pagar más impuestos que los pobres, que los delincuentes económicos son peores que los punguistas. Y de buena gana adoptaría una agenda que en lo social, en lo económico quedase al filo del kirchnerismo, si por favor le descuentan su negación y esa dosis de épica triunfalista que trata de avanzar pero queda anclada a Comodoro Py.


Hay un espacio político en busca de un líder. El que se le anime sufrirá fuego cruzado. Pero si no estás dispuesto a eso, en qué liderazgo estás pensando. Si banca la parada jugará un rol preponderante en la política de los años venideros.

sábado, 25 de febrero de 2017

Democracia Bipartidista o Guerra de Pasteles




Esta mañana habló por radio "El Subconsciente de la Derecha".

Se despertó, se lavó los dientes, se corporizó en forma de Nicolás Massot, jefe de bloque en Diputados de Cambiemos, y atendió a los chicos de El Fin de la Metáfora (https://twitter.com/Metafora710).

Fueron sólo 6 minutos. El Subconsciente de la Derecha es módico de palabras, pero siempre es interesante escucharlo. Mire:


El Subconsciente Reaccionario dijo que añora y que quiere volver a una democracia bipartidista como la de los años 90 y el Pacto de Olivos.

Ese es el sistema político que más le gusta y, cómo enfatizó, dijo no tenerle miedo a "la alternancia", a que en un momento gobiernen "los otros". No se esforzó en aclarar que esos, "los otros"  sean siempre oposición D.O.C., oposición denominación origen controlado, dentro del bipartidismo.

Maravillosa descripción de su deseo nos hace, en boca de Massot, el Subconsciente de la Derecha:
nos dice "quiero que, gobierne quien gobierne, los tengamos como nos gusta, bien agarraditos de las pelotas".

Ese fue y ese es el Talón de Aquiles de nuestro sistema político como vector de cambio real de nuestra sempiterna dependencia:

que, camuflados en un par de opciones en apariencia diferenciadas,

que creamos que estamos "eligiendo candidato", cuando en realidad estemos repitiendo esa liturgia bienal de meter un papel en una urna.

El establishment prefiere, lo dice Massot, espacios políticos moderados, a derecha e izquierda, que sean buenos y bonitos, pero especialmente muy baratos y sobre todo muy pero muy cooptables.

Funcionó perfectamente en los 90: un gag en el que peronismo menemista y radicalismo alfonsinista se daban enormes y graciosas tortas en la cara, en otro lugar del escenario nuestra oligarquía se afanaba toda la escenografía y la utilería que conformaban nuestro Estado.

En este esfuerzo de "la democracia bipartidista" se inscriben los intentos de Macri de sacar de la barbarie a Massa, pasarlo por lavandina y presentarlo como "opositor calidad ISO 9000 Davos". Y de ahí para adelante.

El sueño húmedo de volver a la democracia cooptada, esa que funciona tan aceitadamente en otras latitudes: poco importa si en España gobierna el PP o el PSOE, más te vale llevar puestos calzoncillos de lata.

Eso explica, en parte, por qué este blog, por qué la cuenta de Contradicto en tuiter, es la de monjes budistas del Populismo. Porque es vieja y sabe que, detrás de toda la liturgia republicana, institucional y el culto por las buenas maneras, lo que se esconde es el mismo único y puto amo, convirtiendo a la ideología en jabón para lavar la ropa.

Esta visión de Massot y de su clase representa para nosotros al enemigo. Al desafío de lo que hay que romper en pedazos.

Y la forma de quebrarlo tiene un sólo nombre, POLÍTICA. POLÍTICA de consensos. De reconocer errores y derrotas, de bajarse del caballo y hablar con la sociedad. De bajar el puto dedito acusador por un minuto e invitar unos mates amigos.


Algo que el kirchnerismo, que presume de nacional y popular, ha abandonado hace ya muchos pero muchos meses.

Por eso. Y sólo por eso, estamos donde estamos.


domingo, 25 de diciembre de 2016

Tornillos sueltos



Qué es ese ruido? Qué es lo que está fallando?

Parece la correa de distribución. Pero no. Lo que está fallando es ese proyecto de izquierda progresista moderada filo-liberal, formateado a la sombra de El Fin de la Historia fukuyámico, en el que democracia y capitalismo se casan y viven felices para siempre, con pequeños ajustes en la tornillería, cambio de foquitos quemados y cambio de filtros cada 10mil kilómetros.

Esos ruidos y chirridos que se escuchan en las grandes democracias occidentales señalan que hay un daño mayor y que difícilmente podamos mantener la velocidad y el rumbo como si nada hubiese ocurrido.

Y, como suele ocurrir, cuando vamos a chequear los desperfectos confundimos síntomas por enfermedades. El problema para la izquierda progresista moderada parece ser Trump. El problema parece ser el UKIP británico. O el problema es la franchuta Le Pen. O el triunfo de la ultraderecha en Austria.

Son todos síntomas, pero ahí no está la enfermedad. El problema no está en las poleas ni en las correas de transmisión, que en esencia transmiten los daños y meten ruido.

El problema está en que las izquierdas progresistas moderadas que se autoproclamaban motores del proyecto, han sido intervenidas, cooptadas, infiltradas por un aceite trucho que les vendió el poder financiero en Wall Street. Ese aceite con alto nivel de acidez picó las piezas, las oxidó y las estropeó. El daño parece irreversible.

Así, las izquierdas progres moderadas propulsoras de ese modelo de convivencia pacífica terminaron imponiendo una agenda tan pero tan parecida a la de sus antagonistas que las diferencias sólo son perceptibles bajo el microscopio.

España no puede no gustarnos como ejemplo atroz. Veamos.

La diferencia ideológica entre el derechoso Partido Popular y el izquierdoso Partido Socialista Obrero Español es tan nimia que casi con naturalidad surgieron en sus extremos exteriores, expresiones que tratan de recrear una izquierda real (Podemos) y una derecha real (Ciudadanos). Notablemente, para consolidar el diagnóstico, la probabilidad de que un caso de corrupción financiera de los más graves y obscenos de la historia peninsular reciente, pueda corresponder a actores del PP (supondríamos a la derecha más amiga del poder financiero corruptor) o a actores del PSOE depende de la caída de una moneda.

Por caso el escándalo de las tarjetas negras de Bankia ensucia a Rodrigo Rato, miembro del PP y amigo de nuestro DeLaRua, mientras que casos como el Filesa o el AVE se asocian al PSOE. Y no alcanzan los dedos de las manos para enumerar casos de corrupción en autonomías y ayuntamientos en los que, a poco de tirar de la cuerda, uno termina encontrando miembros regionales de ambos partidos, hundidos en la mierda.

No es un accidente: el establishment mundial tuvo capacidad para infiltrar y dominar a los partidos del poder a escala global. También en Argentina. 

El menemismo no sería concebible sin la híper del 89, pero no sería posible sin personajes como Manzano, como Grosso, como Bauzá. Piezas de un motor partidario que fueron lubricadas con aceite de negocios fáciles y diezmos interminables.

Es en circunstancias como estas en las que se percibe y se diferencia con claridad a los verdaderos mecánicos de los chantapufis. Los mecánicos se toman su tiempo, analizan y tratan de llegar directo a la causa raíz del problema. Los chantapufis sólo te cambian lo que está roto y te mandan a casa, esperando que vuelvas dentro de un ciclo electoral para ofrecerte un repuesto igual al anterior, pero más caro, porque "este es alemán".

Trump es el síntoma. La causa raíz del problema es el titiritero Wall Street controlando desde las sombras los hilos de Hillary.

La contaminación financiera ácida que afecta al lubricante es silenciosa y opera solapadamente. Pocos actores a nivel internacional la han identificado y su prédica es, por supuesto, limitada. No alcanzarán 20 asambleas en Puerta del Sol, ni cien acampes en Occupy Wall Street, ni mil primaveras árabes: la diseminación de la falla es sutil y los medios de comunicación que deberían alertarnos son controlados por el vendedor del aceite. Cuando alguien rompe el molde, siempre hay una embajada de Ecuador para encarcerlarlo.

En nuestro camino a una inédita re-nacionalización, esta vez paradójicamente globalizada y con conflicto en ciernes entre China y EEUU, quedan todavía muchas cosas por romper.

Y por casa?

La descripción previa tiene tantos puntos de contacto con el escenario político local como grados de libre albedrío. Por ejemplo confirmemos que el gobierno de Macri es síntoma y no enfermedad: está allí por razones que lo trascienden y que no puede manejar, aún cuando algunos de sus protagonistas centrales no pueda disimular un cierto grado de soberbia y hasta escriban libros sobre la épica que significó ganarle al peronismo en elecciones limpias.

Aún más: los analistas medio pelo dicen que, inversamente a lo esperado, al gobierno le va mejor en política que en economía (una zoncera para coleccionar, pero usemosla también para poner ladrillos). Se debe a razones que son hijas del triunfo electoral.

Obtienen leyes que jamás hubieran imaginado negociar. Si suponen que se debe a sus capacidades artesanales en el Congreso se equivocan. La oposición realmente existente quedó congelada en un manequin challenge en el que ningún actor, ni siquiera CFK (mal que les pese a los troskirchneristas), tiene capacidad de juego sin que cada movimiento propio signifique entregar fichas al adversario: un loose-loose que ya lleva un año y que sólo podría disiparse con la potencia de las urnas (el potencial utilizado adrede: también podría ocurrir que las urnas del 2017 no digan nada sustancial al corpus peronista, y la letanía permanezca y viabilice un segundo mandato del peor gobierno de nuestra joven democracia, Dios nos guarde).

Que Macri es el síntoma, repetimos, habilita la analogía con nuestra primera descripción. Pero termina allí.

El kirchnerismo no fue esa izquierda progre moderada a la que se le caen los papeles del discurso y cuando los levanta, sólo leé notas al pie llenas de neoliberalismo. El kirchnerismo fue una izquierda populista inmoderada, ambiciosa y justa, pero provinciana y miope. A la que le sobró coraje para dar batallas innecesarias y le faltó excel para garantizarse supervivencia. 

Jugó un juego que entendió a medias. Y, en rigor, le fue bastante bien. Hasta perder por primera vez en la historia democrática con la derecha rancia en las urnas. También pueden vanagloriarse de eso si quieren.

Valiente y mezquina al mismo tiempo. Tanto, que su mezquindad la encerró en su propia isla y que su valentía la hizo quemar las naves, para luego nunca más poder salir a la mar.

La clave reside, insistimos, en dejar de preocuparse por los síntomas. Y atacar la enfermedad. Que no afecta ni al macrismo, ni a sus votantes, ni a sus aliados circunstanciales: afecta al peronismo. Mirarnos al espejo, explorar, entender y reconocer la derrota, y convertirla en victoria y en el plano secreto que nos lleve de vuelta al poder.


Está todo ahí, dicho y escrito. Sólo se requiere dejar de fungir colectivos, proyectos que son personales, reconocernos genuinamente en los pobres y los olvidados que decimos representar y bajar la cabeza y volver a tender lazos de franqueza y humildad con la sociedad. Que, como la vieja, siempre nos está esperando.

domingo, 30 de octubre de 2016

Fuego



Gobernó durante 23 años.

Y en la ciudad desde donde gobernó, no hay una sola plaza con su nombre.

No hay una calle ni una avenida con su nombre.

No hay una biblioteca ni un museo con su nombre.

Será que sufrimos un Alzheimer social? 
En tal caso, a qué se debería el privilegio de que tan bonita y arbolada avenida de Villa Devoto tenga el nombre de Salvador María del Carril, el hombre que azuzó y empujó al fusilamiento de un héroe de nuestra lucha independentista, uno que no la vivió con angustia? 
Nuestra ciudad olvida, pero como sospechábamos, de manera selectiva.

El nombre de aquel, pero esencialmente sus ideas y su concepción de nación, más que olvidadas, fueron meticulosamente arrasadas de nuestra historia.

146 después de su exilio, 122 años después de su muerte, se erigió un único, solitario monumento en su nombre. Arteramente ubicado en una plaza que lleva por nombre la fecha en que fue destituido.

Debieron pasar todos esos años para que un presidente de origen peronista y programa liberal pudiera emplazar allí un monumento. 15 años más tarde llegó una estación de subterráneo.

Hoy mismo podemos leer lo que leerá cualquiera de nuestros pibes al que le sea asignado un trabajo práctico sobre Juan Manuel de Rosas: "Rosas asumió su nuevo gobierno con la suma del poder público que utilizó para hostigar a sus disidentes fueran éstos federales o unitarios". Wikipedia, 2016. 
Así, tal como está transcripto. Sin comas, sin dudas, sin contrastes. Con toda la furia de nuestros burgueses más patéticos.

Sirva advertirlo: lo que condenó a Rosas al exilio de nuestra memoria y por lo tanto de nuestro presente, fue la interminable autocracia de 63 años con la que lo sucedió nuestra oligarquía de la bosta.

Durante esos años se cocinó ese monólogo pestilente e irracional con el que nuestros maestros, los maestros de nuestros maestros y los maestros de los maestros de nuestros maestros nos "forman".

Hace pocos días se cumplió el sexto aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner. La misma oligarquía, devenida ahora en tecnocracia de ineficaces, ha iniciado el despliegue que tan bien enseñó Bartolomé Mitre: nuestra historia se hace en las villas y en los montes, pero sólo se escribe en las mansiones.


La Historia, siempre tan artera, vuelve a ponernos frente a una responsabilidad moral: está en nuestras mentes, en nuestras manos y en nuestro corazón que Néstor sea desterrado a un olvido de 150 años o que sea recordado como el hombre imperfecto e intenso, el hombre de fuego que realmente fue.


domingo, 25 de septiembre de 2016

10 de marzo de 2010




La noche del domingo 28 de junio de 2009 fue amarga para el kirchnerismo.

Fue la noche de la derrota electoral de Néstor Kirchner frente a DeNarváez.

Algunos recordarán aquella madrugada en el Hotel Intercontinental.

Su primera reacción política tardó un día

perdedor de una elección, hizo lo que hace un peronista:

renunció al cargo del presidente del Partido Justicialista.

Menos de una semana más tarde, el sábado 4 de julio

Néstor bajó al llano y se mandó a una asamblea de CartaAbierta en ParqueLezama

la mayoría de los kirchneristas recuerdan aquella reunión

tono calmo, asunción de la derrota, esbozo de autocrítica.

Ahora un paréntesis y reencontrémonos la primera semana de febrero de 2010.

El 7 de febrero NK fue intervenido quirúrgicamente en la arteria carótida en Sanatorio Los Arcos

El 9 de febrero, dos días después de la operación se filtró una noticia desde la Terapia Intensiva del Sanatorio:

¿Bajar los decibeles? ¿Reducir el estrés? ¿Retirar el cuerpo de la contienda política? 

NO. La noticia era que NK volvía a la conducción del PJ

Un mes después, el 10 de marzo a las 22 horas, finalizada la reunión del Consejo Nacional del PJ en Resistencia, Chaco,

a un mes de su intervención quirúrgica

y exactamente 252 días después de aquella triste noche en el Intercontinental

Nestor hizo lo que un peronista con responsabilidad por un proyecto colectivo nacional y popular hace,

y se volvió a hacer cargo, con el acuerdo de todos los dirigentes presentes, de la conducción del partido.

3 días más tarde, las instrucciones para Accavallo, el intendente kirchnerista de Villa María,
eran que DeLaSota tenía que estar "adentro".

Y así con todos los que pudo.

El 14 de marzo, Néstor se hizo presente, junto a muchos otros en el Acto de Ferro, que muchos recuerdan como el punto de inflexión de la derrota de 2009 que nos llevó a la enorme, impresionante, victoria de 2011, ya sin su presencia física.

Muchos dijeron que la victoria kirchnerista de 2011 se debió a la muerte de Néstor; salames que no se dan cuenta que esa victoria no se hizo con su muerte sino que se hizo con su vida, con lo que tejió mientras estaba vivo.

Enfrentar la derrota, meter las manos en el barro y juntar todas las cabezas dispuestas a un país justo, libre y soberano. Las cabezas de los dirigentes y las del pueblo.

Ese domingo un amigo y periodista que fue "raleado" de los medios oficiales por encumbrados dirigentes de LaCámpora, @martinpique, publicó esta nota que describe maravillosamente la efervescencia que vivíamos en aquellos días felices

Por favor tómese unos minutitos para leerla:

Van más de 300 días desde la derrota electoral del 22 de noviembre de 2015.

Compañeros kirchneristas, no necesitan seguir las recomendaciones de Contradicto, ni las de Alejandro Dolina, ni las del pintor peronista Daniel Santoro, ni las del antropólogo Alejandro Grimson.

Alcanza con seguir los pasos del mismísimo Néstor Kirchner.

Todo lo demás, el empoderamiento, el antipejotismo, los pruritos progresistas y la nariz fruncida por el olor a transpiración y a choripán, son una sanata patética y peligrosa porque deja a esos que decimos defender en las fauces del neoliberalismo tilingo que nos gobierna.

El tiempo corre y los pobres, los invisibilizados, no pueden esperar.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Espérame en el cielo



El macrismo defaultea el presente. Esa es su marca de agua. Antes que gobernar, prefiere comentar que está gobernando. Porque gobernar implica una erosión a la que no está acostumbrado.

El anclaje del macrismo está en el pasado. Y en el futuro, simultáneamente. Viven allá. Y allá. El pasado es ese paraíso en el que el kircherismo era un infierno en el gobierno. El futuro será ese paraíso en el que el macrismo finalmente gobernará de una vez por todas esa Australia agroindustrial y de servicios en la que cualquier adolescente recién salido de la secundaria tendrá un lugar garantizado como empleado de un McDonalds o un call center, de manera que aprendan desde bien temprano en sus vidas que un self made man gaucho es, antes que nada, sobreviviente del capitalismo sin cepos.

Notablemente, cuando este gobierno ve sacudirse alguno de los pilares de su identidad, digamos por ejemplo 3 comentarios negativos en las redes sociales, dos tuits muy erosivos, a diferencia del resto de los mortales que sólo pueden fugar hacia adelante, tiene la opción de fugar hacia atrás. Eso explica por qué cuando el tarifazo pone a máximo el fuego conque hierve el malhumor social, la respuesta es el timbreo, ese pasado glorioso, que murió hace ya más de 300 noches.

Esta estrategia tiene una única gran dificultad: los anclajes de pasado y futuro están destinados a separarse, paulatina, irreversiblemente. El futuro nunca llega. Pero el pasado está cada vez más lejos. Y el PRO se convierte en el personaje de un dibujo animado que se estira, graciosamente, con música de fondo y risas. 

Y, Hooke lo permita, se estira. Y se tensa. Se tensa feo. Se ve en los humores crispados de su CEOcracia. Cuando el elástico está en su límite, las sonrisitas ganadoras de desdibujan, y el que le guiña el ojo a las chicas es Massa.

Las operaciones judiciales contra Cristina Kirchner son un intento de replicar una escenografía, cartón y madera, ahí atrás. Pero es escenografía y es cada vez más dificil ocultar terminaciones que no se hermanan, colores que no se complementan. Bonadío resultó ser tan mal escenógrafo como es mal juez. 

Entonces sólo cabe preguntarnos qué es el presente, qué lo materializa.

La respuesta es una y una sola, la misma de siempre. El presente, denso, tibio y maloliente, es de nuevo el peronismo. Puchero maldito del país barbecue. La Hidra de Lerna de la política argentina de los últimos 70 años, fija bulones y tirafondos al presente, recreando su propia identidad.

No es extraño, entonces, que los resultados contantes y sonantes de la cumbre davosiana sean paupérrimos en términos de anuncios de inversión pero exuberantes en términos de recado dejado por los amos de la globalización al cadete local: "Sólo pondremos el primer dólar cuando te construyas en el presente. Y sólo te consideraremos en el presente cuando controles al peronismo".

Una tarea nauseabunda la que le piden. Porque los mandantes no entienden que Macri y los suyos aborrecen al peronismo. Si les pidieran muerte y destrucción, incluso, sería más fácil.

Pero le piden que negocie, que pida y que conceda. A él. A quien los considera, sin contrastes, responsables de la decadencia argentina. El macrismo, que no es otra cosa que la oligarquía vacuna, no puede someter al peronismo por una simple razón: lo odia con un odio que anula cualquier estrategia.


Eso era lo sensual de Menem, oh Menem, lo que no pueden reeditar con el muchachito de ojos celestes posta: el menemismo controlaba al peronismo porque el menemismo era una hydra, otra más, del peronismo. Menem armaba el excel del peronismo en un rincón, y a ellos sólo les quedaba sacarse fotos con tapados, o mostrar el interior de casas que no eran suyas en José Ignacio, o coordinar y emprolijar el saqueo.

Cerremos esta nota, primera en meses en este blog, diciendo que si el macrismo defaulteó el presente, pues el peronismo, y en particular el kirchnerismo, defaultearon el pasado. Y el futuro.

Pero eso lo comentaremos más adelante. 

domingo, 5 de junio de 2016

Eufemismos y conspiraciones



Los posts anteriores tratan de revelar la médula de la estrategia en política económica del gobierno de la alianza Cambiemos. La veníamos anticipando hace un par de años. Desde el 10 de diciembre sólo hemos pasado de la anticipación a la descripción.

El plan de destrucción y pauperización de los tejidos intermedios de la sociedad está en escalada rampante: como un lobo salvaje en un jardín de infantes vienen a vengarse y destruir lo construido. Los urge una certeza impostergable: tarde o temprano llegará el infalible cazador, ese que siempre terminó poniéndoles bozal y cadenas, el peronismo. No será distinto esta vez. Aprovechan este interludio para sentirle el gusto a la sangre de las nuevas generaciones y cortar la inanición de más de una década.

Si se requiere conocer los detalles del salvajismo basta con leer diarios no oficialistas y ver los canales "no independientes", pero también sobra con ver cómo les explota en la boca el inconsciente a funcionarios oficialistas y operadores amigos: desde aquel "el modelo es India" hasta este "le decían a la gente que se puede vivir de esta forma eternamente".

En este blog no creemos necesario, a más de 6 meses de la derrota electoral del FPV, sumarnos al corso triste de denuncias, quejas, lloriqueos y mateadas en las plazas en que se ha convertido la oposición. Es obvio que estas expresiones adolescen del combustible principal de la acción política: voluntad y vocación de cambio.

Lo que queda del FPV tiene demasiadas reminiscencias con la mujer golpeada que no termina de abandonar al sádico, detrás de la vana ilusión de que modifique su actitud.

Y el principal anclaje a la inacción sigue siendo (y es natural y esperable que lo sea) la poderosa vinculación en el orden de lo emocional que CFK ha desarrollado con sus partidarios, la naturaleza filial del vínculo que grandes sectores del FPV crearon y mantienen con ella. Para muchos Cristina se ha convertido en la única hada madrina que los liberará de esta pesadilla neoliberal.

Como en un cuento infantil, poblado de buenos y malos, de fieles y traidores, Cris y los suyos vendrán a liberarnos para siempre. No pueden ver que una mayoría de criaturas del bosque prefieren que el Hada deje de hacer sus "milagros" por un buen rato.

Desde este blog hemos estado escuchando atentamente en las últimas semanas a referentes políticos y económicos del kirchnerismo más puro, más cercano a la ex presidente. Entendemos que así como 6 meses son suficientes para confirmar las líneas directrices de la mafia que nos gobierna, también lo son para leer e interpretar las razones de la caída popular.

El panorama es desolador: así como el macrismo no puede conjurar ese estigma de gobierno de clase, el kirchnerismo parece no haber entendido en absoluto las razones de su desastre. Sus usinas se han convertido en verdaderos ases en el manejo y direccionamiento de la autocrítica para terminar pegándole al gobierno (que es un rival facilísimo).

Para decirlo de una manera clara: si mañana la mañana le prestáramos la manija y libertad de acción a los cuadros kirchneristas que gobernaron, nos llevarían inevitablemente a las mismas condiciones de restricción externa de 2011/12.

Nos queda, íntimamente, una última, deseable teoría conspirativa; que, en un acuerdo secreto, tanto el gobierno de aquel momento como las fuerzas del candidato oficial Scioli se hayan puesto de acuerdo en términos que resonaran en la siguiente frecuencia: "Las conjuras a la restricción externa son dos: una virtuosa, mucho antes de que ocurra y una viciosa, cuando ya ocurrió. Es tarde para la primera, ya nos ocurrió: que la medicación amarga de la devaluación, la solución viciosa, la administre la derecha. Dejémoslos ganar y hacerle frente al muerto; volveremos con otro tipo de cambio y otros desafíos".

Si, en efecto e íntimamente, tanto sciolismo como kirchnerismo preferían una derrota honrosa, estuvimos, 51 a 49 a punto de cagarla. Lo que nos conduce a sospechar que no hubo tal secreta mesa de arena.

Y que los diagnósticos de referentes económicos y políticos del kirchnerismo no son una cortina de humo. En tal caso estamos al horno. Firmamos con las dos manos que no tienen, no tendrían en el poder, la más puta idea de cómo seguir.

Desde un análisis de largo aliento los corolarios son horribles: si nuestros Golden Boys de la heterodoxia, durante 40 años de hegemonía neoliberal y desde las catacumbas del neo keynesianismo, no han logrado encontrar la receta para mandar la restricción externa al fin de los tiempos, lo que viene es una larga sucesión de expansiones populares reiterativamente clausuradas por intervenciones reaccionarias que, argumentando "emprolijar" el desmadre populista, aprovecharán para robustecer sus cuentas en Panamá.

Este esquema tipo dientes de sierra importa un riesgo enorme y carísimo: el mayor perdedor del juego no es la derecha sino los buenos de la película: el populismo. Porque confirmaría lo que después de 4 décadas va camino de convertirse, en boca de cualquier pelotudo, en profecía autocumplida: "cada 10 años este país explota".

Y no hay nada peor que un pelotudo creyendo haber demostrado una tesis con su frase de cabecera: "no te dije?".

En efecto, si el populismo no diagnostica, receta y administra una solución adecuada en el camino al desarrollo, marchará irremediablemente en el camino contrario: ser "el arma estúpida de la izquierda inoperante".

Desde este blog creemos que la vacuna macrista no "prenderá": que nuestra sociedad ha creado suficientes  anticuerpos para identificar al virus de su autodestrucción y lo rechazará en breve.

Pero con igual énfasis creemos que, salvo cisnes negros, Cristina Kirchner no volverá al poder. Sin embargo creemos que su acción política es crucial para evitar una trayectoria que podría resultarnos tan nociva y perjudicial como el macrismo: hablamos de la oligarquía diversificada nuevamente enquistada en el poder; hablamos del muñeco Massa.

Nuestro futuro está en manos de CFK, pero de ninguna manera en el sentido kirchnerista que podría adoptar la frase sino, exactamente en el contrario: la oposición realmente existente ascenderá cuando ella descienda. 

Nuestras verdaderas posibilidades aumentarían si CFK siguiera una hoja de ruta basada en 
  1. resignar pretensiones personales o para los de su círculo cercano, 
  2. bajar al barro de la política partidaria, 
  3. operar colabora y cooperativamente con dirigentes con capital popular reconocido en la reconstrucción de una oposición de base amplia, obrera, peronista y acumulativa, 
  4. hacerlo generosamente, sin reserva de beneficios (que los tiene y le llegarán en catarata)

Los hechos están ahí para quien quiera verlos: un viaje, una intervención suya y algunas reuniones con compañeros en Buenos Aires en abril reconvirtieron el voto en favor del acuerdo con los fondos buitres en el voto en favor de la doble indemnización. Votaron las mismas manos. Y el lapso entre ambas votaciones, huelga decir que ideológicamente contrarias, fue de exactamente 48 días. 

Ese es el poder real del kirchnerismo. Extrapolarlo a un retorno al Poder Ejecutivo es, más bien, material para una novela de Isaac Asimov.


Y si desea confirmar cuán perdido está hoy el kirchnerismo, contraste la hoja de ruta arriba con ese delirio de atril que se llamó Frente Ciudadano.